Hay castillos bonitos y otros grandes, el Château de Chambord tiene las dos cualidades pero es que además juega en otra liga. La primera vez que lo ves no sabes muy bien qué decir. Te paras. Lo miras. Vuelves a mirar. Y entonces lo entiendes: no es solo un castillo, es una declaración de intenciones. Un “aquí estoy” del Renacimiento francés en mitad de un bosque...
