Hay pueblos que conquistan al primer vistazo. Otros necesitan tiempo, matices, luz. Y luego está Turckheim, un lugar que parece construido para que el viajero baje el ritmo, levante la vista y por fin respire.Porque aquí las cosas pasan despacio.Porque aquí las fachadas pastel, las calles empedradas y las viejas puertas medievales cuentan historias sin prisa, casi...
