Hay viajes que se recuerdan por lo bonito. Y otros… por los gritos. Walibi Holland pertenece claramente al segundo grupo. Un parque donde el estómago se te queda flotando en el aire, las piernas tiemblan al bajar de cada atracción y, aun así, vuelves a ponerte a la cola con una sonrisa medio nerviosa. Porque sí. Porque engancha. Nosotros fuimos en pareja, sin niños...











